Tener un hijo con alguna discapacidad.
Las primeras impresiones
Tener un hijo con alguna discapacidad congénita
es algo muy difícil de asumir por los padres.
Pero la realidad es que ese niño ha nacido y
necesita el amor, la estimulación y los cuidados
que requiere cualquier bebé. Para acercarse a
ese hijo, los padres necesitan pasar por un
proceso de aceptación y reorganización de su
vida alrededor de esa personita que no es como
la que esperaban.
El nacimiento de un hijo comporta profundos
cambios psicológicos que ya se habían empezado a
producir durante el embarazo, e incluso antes de
la espera, y que tienen que ver con el deseo de
los padres. El bebé ya existía en su pensamiento
antes de nacer. Los padres imaginan un bebé en
el que podrán reflejarse. Además, el bebé
representa la continuidad de sus propios
valores. Se tienen muchas fantasías en torno al
hijo, que forman parte del inicio del vínculo
que se creará con él. Y a partir del nacimiento
estas fantasías se irán ajustando a las
características del niño real. Esta adecuación
constituye un proceso que es necesario para el
crecimiento del recién nacido como sujeto.
El nacimiento de un hijo discapacitado
Ante la noticia de que el bebé es portador de
una discapacidad los padres se ven profundamente
afectados. No sólo por el diagnóstico de la
discapacidad, sino por toda una serie de
sentimientos muy intensos hacia el bebé y hacia
ellos mismos. Se produce una ruptura con las
fantasías, con el vínculo que se había
establecido previamente, y todo ello supone el
inicio de un intenso proceso de duelo por la
pérdida del hijo deseado. La elaboración de este
duelo es complicada, ya que supone la
desvinculación interna del hijo ideal y el
acercamiento a una realidad: la del hijo con
discapacidad. Es un proceso largo pero necesario
para la reconstrucción de un lugar interno nuevo
para el niño que ha nacido, para poder llegar a
desear ser padres de ese hijo. Este proceso
conduce a una progresiva aceptación de la
realidad.
La aceptación del hijo discapacitado
Pensar en un niño o en una niña que crecerá con
una personalidad propia, con un ritmo de
desarrollo determinado, con un futuro de
posibilidades diversas... en resumen, con una
particularidad propia, pero también parecido a
la familia a la que pertenece, permite a los
padres encontrar elementos de identificación con
el recién nacido. Permite reconstruir nuevas
fantasías y esperar gratificaciones de este bebé
que no era el esperado.
Si se trata de un bebé con Síndrome de Down (o
con cualquier otra problemática), muchas veces
el concepto de discapacidad envuelve la
identidad del recién nacido impidiendo que los
padres vean al hijo que hay detrás. Un bebé con
una discapacidad necesita lo mismo que cualquier
otro bebé: que jueguen con él, que le hablen,
que le quieran... A veces, todo esto es muy
complicado de dar porque los padres querían un
niño diferente y no saben o no pueden acercarse
a su hijo, o lo hacen de manera inadecuada. El
nacimiento de un niño con discapacidad genera
mucha angustia y constituye el origen de
reacciones psicológicas complejas que varían,
según el tipo de déficit o patología y los
factores que la causaron.
Desde que se comunica el diagnóstico, los padres
atraviesan por diferentes etapas:
Estado de shock y angustia inicial.
Negación ("los médicos se han equivocado"),
enfado o tristeza.
Equilibrio y sensación de confianza en la propia
capacidad para ocuparse del hijo tal y como es.
Reorganización y ajuste a la situación.
Finalmente la familia organiza su vida en
función de las necesidades del niño.
La intensidad y complejidad de los sentimientos
de los padres ante el conocimiento del
diagnóstico muestra la necesidad tanto de
informar de forma adecuada como de ofrecer un
espacio de contención de la angustia y de las
reacciones emocionales. La vulnerabilidad
emocional de los padres en los primeros momentos
después del nacimiento del bebé provoca una gran
inseguridad en su función como padres.
Por eso es importante la atención temprana,
entendida como la intervención terapéutica
dirigida al niño que presenta trastornos en el
desarrollo y a su familia. Tiene por objetivo
colaborar en el proceso de estructuración de la
personalidad del niño, potenciar su desarrollo,
facilitar los recursos necesarios para su
adaptación y crecimiento y ayudar y dar apoyo a
la familia. Los retrasos evolutivos, de madurez,
de lenguaje, o las dificultades de relación y
los trastornos de conducta o personalidad
generan sentimientos muy ambivalentes en los
padres, que se deben atender con la misma
intensidad que se atiende al niño para favorecer
la buena evolución del caso.
La identidad se forma, inicialmente, a través de
la imagen que los padres tienen del hijo dentro
de la estructura familiar. Es importante que el
niño sepa a quién se parece, que encuentre el
origen que le inscriba dentro de una familia,
dentro de un árbol genealógico. La persona con
discapacidad encuentra dificultades en este
proceso. A menudo oímos: "se parecen entre
ellos, pero no vemos que se parezca a ninguno de
la familia". A los padres les cuesta
identificarse con un hijo que tiene Síndrome de
Down y esto les hace sentirse mal. El niño
necesita este apoyo para desarrollarse
correctamente, por eso es importante buscar
algún tipo de ayuda que permita aligerar la
tarea educativa y acompañar al niño en el
proceso de crecimiento.
Una vez se ha descubierto la identidad del niño
discapacitado y se han aceptado tanto sus
aspectos más débiles como los más desarrollados,
éste está en mejores condiciones de integrarse
socialmente. No ya en el deseo de ser como los
otros o de hacer comparaciones fijándose en lo
que no puede hacer o conseguir, sino desde la
aceptación de su propia realidad, con sus
limitaciones pero con plena conciencia de sus
propias posibilidades.
Consejos Prácticos
Tener un hijo con alguna discapacidad congénita
es algo muy difícil de asumir por los padres.
Pero la realidad es que ese niño ha nacido y
necesita el amor, la estimulación y los cuidados
que requiere cualquier bebé. Para acercarse a
ese hijo, los padres necesitan pasar por un
proceso de aceptación y reorganización de su
vida alrededor de esa personita que no es como
la que esperaban.
Es normal que los padres de hijos con
discapacidades sientan, sobre todo al principio,
un gran rechazo hacia ese niño que no es el
deseado. No debéis sentiros culpables por esos
sentimientos. Necesitaréis un periodo de
adaptación y de aceptación de ese nuevo hijo.
Poneros en contacto, tan pronto como podáis, con
alguna asociación de profesionales que os pueda
ofrecer ayuda psicológica e información. Es
bueno contactar con algún especialista que os
pueda acompañar en todo el proceso de
acercamiento y aceptación de vuestro hijo, y que
a la vez esté en contacto con el especialista
que lleva a vuestro hijo.
Vuestro hijo también va a necesitar apoyo
psicológico para aceptar su discapacidad. Cuanto
antes os pongáis en contacto con un especialista
mejor para vuestro hijo.
Es bueno hablar con otros padres y madres que
han pasado por la misma situación que vosotros:
pedir consejo, hablar de aquellas cosas que os
preocupan, compartir los momentos de angustia,
etc.
Aceptad que se trata de una situación dura y
difícil y dejaros ayudar por la gente que tenéis
más cerca.
La estimulación temprana es de vital importancia
para todos los bebés, sobre todo si tienen algún
tipo de discapacidad. La estimulación temprana
le permitirá adquirir muchas más habilidades y
desarrollar mucho mejor sus capacidades que si
no le estimuláis en edad temprana.
Es importante que sepas que los niños con
Síndrome de Down tienen la capacidad de vivir
una vida satisfactoria y que, mediante la
estimulación precoz, pueden alfabetizarse y
llegar a ser autosuficientes.
El Síndrome de Down es una de las discapacidades
que mejor evolucionan con la estimulación
temprana. Busca algún centro al que llevar a tu
hijo cuanto antes. También puedes buscar
información y bibliografía especializada para
hacer cosas desde casa.
Fundación Catalana Síndrome de Down
Fuente: www.solohijos.com